En las dos últimas décadas, hemos asistido a una nueva forma de periodismo, que
denominamos periodismo digital y que Ramón Salaverría (2001)2
define como "la especialidad
del periodismo que emplea el ciberespacio para investigar, producir y, sobre todo, difundir
contenidos periodísticos". (Salaverría, 2001: 323). Este nuevo perfil de la prensa se define
porque el soporte informativo son las nuevas tecnologías de la comunicación en toda su
extensión. Internet y todas las posibilidades comunicativas que lo define, y la telefonía móvil de
última generación, han permitido que la información llegue a los usuarios de manera rápida,
eficaz y deslocalizada.
Además, el periodismo digital rompe con las formas de consumo mediático imperantes
hasta el momento. Couldry (2003) señala que este nuevo periodismo da lugar a “nuevas
formas de consumo de los medios de comunicación, nuevas infraestructuras de producción y
distribución” (Couldry, 2003:39-54). De esta manera, podemos decir que la era Internet ha
supuesto una auténtica revolución de los sistemas de producción y difusión de la información, y
se plantea como un instrumento que beneficia a todas las forma de periodismo.
De la misma manera, este nuevo sistema permite que los ciudadanos participen de
forma activa en el proceso de información. Así, Coleman (2005) atribuye a este periodismo la
facultad de abrir oportunidades sin precedentes para “una participación más inclusiva pública
en la deliberación de las cuestiones políticas” (Coleman, 2005: 177-198). La red se define por
su capacidad de comunicación instantánea y democrática. Está abierta a todos los ciudadanos
que tengan a su alcance la conexión y los mecanismos para acceder y los mensajes, a través de ella, fluyen de forma inmediata y sin espacio limitado. De esta forma, Croteu (2006) asegura
que Internet se caracteriza porque es capaz de permitir a todos los usuarios convertirse en
productor y distribuidor de contenidos a nivel mundial, al mismo tiempo que los capacita para
ser los receptores de multitud de mensajes. En este sentido, el periodismo digital se auspicia
al abrigo del concepto de “Cultura participativa” acuñado por Jenkins (2006), en el que
informador e informado intercambian conocimientos.
Así, podemos hablar de un periodismo público, como destaca Rosen (2000), destinado
a las personas como ciudadanos y no como espectadores o lectores, que se confunden en una
masa indiferenciada. Ahora el periodismo se convierte en una actividad compartida, en la que
el intercambio continuo de información entre profesional y receptor hace que la noticia se
enriquezca. Los medios digitales “son populares porque abrazan la interactividad y dan a los
lectores sentido de participación” (Briggs, 2007:69-72).
Estamos ante un nuevo sistema de comunicación masiva que basa su razón de ser en
la propia democracia participativa. Un sistema que necesita, como menciona Glasser (2000),
un uso de la información a partir de la responsabilidad social, para no dar por buenos
contenidos que carecen de veracidad. Precisamente, esto es lo que hace que los profesionales
recelen de los contenidos que aparecen en la red. En este entorno, el papel del periodista
digital se muestra confuso y muchos profesionales denuncian que, en realidad, la mayoría de
estos contenidos están elaborados por personas ajenas a la profesión. Así, Joyce (2007) teme
que la noticia quede “en manos de ciudadanos comunes y de periodistas, por lo general no
remunerados, en el lugar de los periodistas profesionales”.
Paradógicamente, las tecnologías permiten al profesional de la comunicación la
posibilidad de hacer “mejor periodismo” (Briggs, 2007: 51), ya que la red se ha revelado como
una fuente inagotable de información para los periodistas. Así, Silvia Cobo (2012) asegura que
Internet “se ha convertido en una herramienta indispensable para cualquier periodista, trabaje
en un medio o en un gabinete de comunicación.” 3
Además, la red se presenta como un medio
que integra y supera a todos los demás y genera nuevas capacidades expresivas a partir de
intercalar productos multimedia, interactivos e hipertextuales. (Salaverría, 2008: 20) 4
En este
contexto, el periodismo ha ido incorporando en sus rutinas de producción a los formatos
propuestos por la red. Sin duda, es este entorno tecnológico el que está redefiniendo el perfil y
las habilidades de los periodistas, que debe adaptarse a las nuevas formas de concebir,
contrastar y difundir la información. Briggs dice que los periodistas deben estar dispuestos a
enfrentarse a este cambio, que es inevitable. (Briggs, 2007: 15-16).
Por esta razón, los medios informativos offline, según Gómez-Escalonilla, abren sus
websites para ofrecer información en línea. (Gómez-Escalonilla: 2012) 5
. Al mismo tiempo, la
red incorpora entre sus contenidos a la información periodística que se dirige a un público
diverso que domina la búsqueda y la selección de las noticias.
A partir de estas definiciones, podemos decir que existen dos tipos de periodismo
digital: aquel que se limita a trasladar el contenido de los medios tradicionales impresos o
audiovisuales a la red; y el que rompe con la comunicación lineal y unidireccional propia del
periodismo offline. Este último tiene una serie de características propias e implica cambios
fundamentales en las rutinas de producción y difusión de la información.
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